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Tres recursos imprescindibles para no abandonar tu novela a la mitad (O antes)

Muchos son los que empiezan, pero no tantos los que terminan. Y todo porque, a la hora de empezar a escribir una novela, no siempre se tiene en cuenta este método que te voy a mostrar.

Como pasa en casi todas las cosas grandes de la vida, lo más efectivo es casi siempre lo más simple. Lo más más obvio suele ser lo que menos tenemos en cuenta. Y todo porque nos decimos «¡No puede ser tan fácil!».

Pero, a menudo, sí lo es.

Lo que pasa es que tenemos la falsa creencia de que todo lo bueno ha de llegar con trabajo duro, esfuerzo y sufrimiento. Mucho sufrimiento. Cuanto más sufrimos, más valoramos lo que hemos conseguido.

Abandonar la escritura a las pocas páginas
meter a los personajes en situaciones de las que ni tú sabes sacarles
bloquearte a la mitad por quedarte sin ideas o sin ganas de seguir… o las dos cosas.
Y voy a hacerlo con tres recursos superfáciles de usar, sencillos de entender y esencialmente prácticos.

Sin teoría, ni complicaciones, tan solo aplícalos en cuanto dejes de leer este post y asómbrate de su eficacia.

Va a ser muy, muy corto, y muy, muy revelador. Vamos allá…

Recurso #1: la sinopsis

Una sinopsis es un resumen lo más detallado posible de la novela que deseas escribir.

Observa que dije «un resumen», no un texto de 15 páginas contándolo todo con pelos y señales. Pon a trabajar tu capacidad de síntesis, pero incluye todo lo que vayas a relatar.

Mi consejo es que te ocupe un mínimo de 600 palabras y un máximo de 2000.

TRUCO
Escribe tu sinopsis como si le contaras una película que acabas de ver
a un amigo que no la ha visto, ni la piensa ver.

¿Por qué esto último? ¡Pues para que se lo cuentes todo, incluyendo también el final!

No vas a desvelar ningún misterio a nadie, porque la sinopsis es para ti, para que tú tengas un mapa de lo que has planeado escribir: si en algún momento crees que te estás perdiendo en tu propia trama, que divagas o te andas demasiado por las ramas, la sinopsis puede reconducirte a tu idea original.

Esa, y no otra, es su finalidad. Simple, ¿verdad? Pues vamos a por el…

Recurso #2: la ficha de los personajes

Creo que el título lo dice todo, pero voy a explicarte para qué es tan útil conocer a fondo a tus personajes, y te daré algunos trucos.

En primer lugar, cuanto más sepas de tu personaje, más vida propia tendrá. Por eso, aunque no vayas a utilizarlo todo en tu novela, escribe a fondo sobre ellos.

Esto evitará que todos los personajes se parezcan demasiado a ti, que reaccionen como lo harías tú en su lugar y que todos hablen con la misma voz en los diálogos.

En la ficha de personajes no puede faltar lo siguiente:

Una breve biografía, contando alguna anécdota o el origen de sus traumas, fobias, etc.
Detalla los rasgos de su personalidad, incluso usando recursos de psicología.
Una relación de sus motivaciones, deseos y sueños.
Describe sus costumbres, datos relevantes de su biografía, anécdotas, traumas…
Y sobre todo, deja claro qué papel juegan en tu historia y qué nivel de protagonismo tienen.
Un buen truco para «sentir» mejor a tus personajes:
identifícalos físicamente con gente que conozcas o con actores conocidos.

Puedes bajar sus mejores fotos de la red y añadirlas a la ficha correspondiente. No estás infringiendo ninguna ley de copyright o de imagen, esto es para uso privado.

Lógicamente, y como aconseja el fantástico manual Cómo NO escribir una novela, evita hacer la descripción de un personaje diciendo «Era clavadito a Antonio Banderas».

Esa imagen de referencia es solo para tus ojos, para meterte más en el personaje… como hacen los actores.

Y hablando de actores, algo que se utiliza mucho en televisión, cine y teatro es el…

Recurso #3: la escaleta

La escaleta es una descripción mucho más a fondo que la sinopsis, porque se relata a grandes rasgos lo que sucede CAPÍTULO A CAPÍTULO.

Es decir, tomas tu sinopsis como referencia y empiezas a dividir:

«De aquí hasta aquí, lo cuento en el primer capítulo. De aquí hasta aquí lo cuento en el segundo…» y así sucesivamente hasta tener toda la novela segmentada en partes más pequeñas.

Esta es una herramienta más que efectiva, porque te permite ver la estructura de tu historia a vista de pájaro.

Puedes detectar si necesitas añadir o quitar algo, si necesitas cambiar el orden de algún acontecimiento —por ejemplo, para retrasar un hecho y dar más emoción a la historia—, o incluso si necesitas empezar tu novela contando primero el final.

La escaleta te permite también detectar errores narrativos: imagina que uno de tus personajes tiene que estar en París en una fecha determinada para evitar un asesinato… pero resulta que al asesino estaba en Los Ángeles en el capítulo anterior. Esto lo ves con toda claridad gracias a la escaleta.

Pero, sobre todo, la escaleta es extremadamente útil y práctica para evitar…

meter a tus personajes en situaciones sin salida.
quedarte sin saber qué contar a las pocas páginas.
bloquearte a la mitad de la novela porque te has liado en una trama muy compleja.
que todo lo emocionante pase al principio y al final, creando una parte central insulsa.
que tu novela se acabe convirtiendo en algo sin pies ni cabeza.
escribir algo demasiado diferente de lo que habías imaginado al principio.
Y seguro que si me pongo en serio a buscar más utilidades, las encuentro.

La escaleta de una novela es al escritor como los planos del edificio son al arquitecto.
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Bien, ahora que ya tienes los tres recursos y has visto lo prácticos y extremadamente sencillos que son, me gustaría darte un par de consejos rápidos para usarlos bien.

Empezar a escribir una novela: brújula o mapa

Esto es un clásico entre los aspirantes a escritores, un debate que lleva tiempo coleando.

Un escritor de brújula es un escritor que no planifica su obra. Tan solo tiene una idea, la desarrolla y se deja fluir. Es como viajar a un país extraño en plan explorador, y descubrirlo a medida que se avanza. Muy romántico, pero también peligroso.

Un escritor de mapa necesita planificar bien sus rutas, igual que un viajero organizado necesita anticipar en qué hoteles dormirá y las mejores rutas a los lugares que quiere visitar. Tal vez no sea tan excitante, pero desde luego las posibilidades de salir vivo del viaje son muy altas.

¿Qué es mejor? ¿Ser escritor «de brújula» o «de mapa»?

Mi opinión es que no importa, mientras lo que uno escriba merezca la pena ser leído.

Sé tú. Es todo. Conócete, observa, experimenta y decide cuál es el sistema que a ti te funciona.

Es decir, que si eres una persona metódica y organizada, te funcionará mejor planificar.

Y si te desenvuelves mejor en el caos, puede que planificar no te sea útil.

Seas como seas, igual sí que te funciona un término medio:

Prueba a escribir una sinopsis MUY BREVE.
Haz fichas de personajes SOLO CON LO ESENCIAL.
Diseña una escaleta MUY ESQUEMÁTICA.
Si pruebas a escribir dejando que la historia fluya, pero no fluye, inténtalo de nuevo planificando tu novela paso a paso, como te he mostrado.

Si, por el contrario, sigues los pasos que te he descrito y tu novela no avanza, olvídalo todo e improvisa, intenta fluir.

Y así hasta que des con la fórmula que te funciona a ti, y tal vez sea una fórmula que solo te funciona a ti. Pero ese día habrás aprendido algo vital, porque te habrás puesto en el camino de encontrar tu estilo literario propio, único e intransferible.

Con información de OficiodeEscritor

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